comunidad sudamericana de naciones

INTEGRACION SUR - CLAES

Informaciones y análisis sobre la cumbre de Cochabamba de la Comunidad Sudamericana de Naciones


  

Comunidad Sudamericana

De la emoción por lo vivido a la esperanza por lo que vendrá

Eduardo Duhalde

¿De qué manera, entonces, hacemos frente a este proceso para que nuestros pueblos tengan arte y parte en el reparto del poder mundial y para que podamos alcanzar los grados de autonomía necesarios para que sean nuestros pueblos los que se beneficien del fruto de su trabajo y de la riqueza de nuestra tierra? De una sola manera, coincidíamos: uniéndonos, estableciendo con autonomía los parámetros de nuestro propio desarrollo, generando condiciones de trabajo y de inversión locales que favorezcan la acumulación a nivel local.

 

En aquella extraordinaria reunión que estoy evocando, había en todos los presidentes conciencia plena de que no hay destino para aventuras solitarias. A doscientos años de las guerras emancipadoras, vuelve a plantearse la misma idea que animó a los libertadores: la independencia es posible a partir de la unidad. Esa convicción creciente en esta época que nos toca vivir, está mostrando resultados alentadores en acciones concretas.

 

En efecto, a pesar de los problemas internos por los que atraviesan nuestros países, en apenas 24 meses a contar desde fines del año 2003, se han ido consolidando como nunca los procesos de unidad.

 

La Comunidad Andina, el Mercosur y Chile protocolizaron sus acuerdos comerciales en ALADI (en noviembre de 2004, en Montevideo) y un mes después de ese importante paso, el 8 de diciembre, en Cusco, a 180 años de la última gran batalla por la independencia que se libró en Ayacucho, se fundaba la Comisión Sudamericana de Naciones. Desde las altas cumbres de los Andes, donde a comienzos del siglo XIX, a sangre y fuego, se lograba la emancipación definitiva del poder realista español, ahora se abría una nueva página de nuestra historia común.

 

De la misma manera en que puntualizo aquí los avances en materia de integración, aludo también a las dificultades y conflictos binacionales que cada tanto parecen levantar señales de riesgo y escepticismo. Las controversias de todos estos años en torno de la balanza comercial entre mi país y Brasil, los reclamos de paraguayos y uruguayos por las asimetrías en el interior del Mercosur, la histórica disputa entre Chile y Bolivia, los conflictos puntuales –como hemos visto– entre Colombia y Venezuela, o entre la Argentina y Uruguay, todas ellas son circunstancias; contingencias que los enemigos de la integración aprovechan para intentar dividirnos. Europa ha pasado por pruebas más duras y, sin embargo, es el ejemplo más acabado y avanzado de cuanto proceso de integración se haya intentado. Hay quienes quieren ver en estas eventualidades la imposibilidad de nuestra unión.

 

No hablan desde el conocimiento sino desde su deseo. Sudamérica superará esos trances, volverá a su cauce, estoy seguro.

 

La política de los Estados Unidos de Norteamérica, con el ALCA y las negociaciones para alcanzar tratados de libre comercio, nada tiene que ver con la integración que nosotros nos planteamos. Los EE.UU. no buscan integrarse con nuestros países. Piénsese: sus parlamentarios votan erigir un muro en la frontera mexicana no para integrar, precisamente, sino para separar. Para evitar que sus vecinos se aventuren en su territorio. Con éstos no quieren saber nada. Sólo les interesa el comercio.

 

Por lo demás, las asimetrías entre los EE.UU. y nuestras naciones son tan enormes que impiden toda posibilidad de negociación equilibrada y justa. La integración continental será siempre un anhelo para nosotros, pero sólo podremos sentarnos a la mesa como pares con los EE.UU. cuando hayamos constituido una Latinoamérica unida y fuerte. Nuestra búsqueda de integraciones mayores debe encaminarse hacia donde la historia, nuestra historia, nos lo indica: Iberoamérica. Hubo un momento de esa historia común de ibéricos y americanos en que fuimos una sola nación. Fue un largo momento fundante de lo iberoamericano (1580-1640), cuando España y Portugal constituyeron una unidad política. Fue el lapso de la monarquía de los Habsburgo, 60 años de un solo rey para toda la América latina
o hispano-lusitana. Prehistoria, casi, para este nuevo mundo que seguimos siendo. Un porvenir, al decir de Ortega y Gasset.

 

De modo que en esta historia está el porvenir. [...] Somos, además de una comunidad de origen, una comunidad de futuro. Los latinoamericanos estamos, histórica, social, cultural y económicamente más cerca de España y Portugal que de los EE.UU. [...] Sudamérica unida es el pasaporte de nuestras repúblicas al siglo que recién se inicia. Hoy sabemos que no somos, solamente, una comunidad de origen sino, esencialmente, una comunidad de destino. [...]

  

 

Extractos del prólogo y del capítulo XI de "Comunidad Sudamericana. Logros y desafíos de la integración". Se reproduce en nuestro sitio únicamente con fines informativos y educativos.

 


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