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Las
organizaciones de la sociedad civil hacia la construcción
de la
Comunidad
Sudamericana de Naciones
Alianza
Social Continental
Presentado
a Ministros y Viceministros de la CSN en Santiago de Chile, 22 y
23 de noviembre de 2006
1. Creemos que
el futuro de la Comunidad Sudamericana de Naciones adquiere una
nueva perspectiva a raíz del fracaso del proyecto del ALCA y de
la generalizada convicción en el continente sobre otra
integración posible. Un bloque sudamericano puede ser un paso
importante y favorable si permite hablar a nuestros pueblos con
voz propia, independientes de las imposiciones y
condicionamientos de los Estados Unidos, Europa y los organismos
multilaterales como el FMI, el Banco Mundial, la
Organización Mundial del Comercio o el BID. Reafirmar y
ejercer la soberanía de la región es el primer paso para
cualquier proyecto de verdadera integración.
2. A diferencia
del ALCA, los TLCs y los tratados de inversión cuya orientación
es favorecer a las empresas transnacionales y a mercantilizar
todos los aspectos de la vida, la Comunidad Sudamericana de
Naciones debe basarse en la redistribución de la riqueza que
hoy está concentrada en pocas manos, donde los estados cumplan
con sus obligaciones en materia de derechos sociales,
culturales, económicos de los pueblos, superando las
discriminaciones de género, raza y generacionales y respetando
la identidad y los derechos de los pueblos indígenas. La vida,
los derechos humanos y ambientales, el bienestar y la
solidaridad entre los pueblos deben ser el centro del proceso de
integración.
3. Entendemos
que la educación es un derecho fundamental de los pueblos, por
eso debe ser uno de los pilares de cualquier proyecto de
integración para la región. Es imprescindible que se
establezca el compromiso de la erradicación del
analfabetismo -así como de la miseria y el hambre. Para ello
debemos desarrollar mecanismos que permitan la cooperación técnica
y científica entre los países con el fin de superar las
desigualdades existentes. Asimismo, todos los países de la
Comunidad deberían asumir compromisos en la perspectiva de una
reforma educacional que garantice la educación pública
universal, gratuita y de calidad para toda la población con el
objetivo de promover la interculturalidad y el reconocimiento de
la diversidad cultural, se debe incorporar con seriedad los
idiomas nativos en el sistema.
En la lucha por
la erradicación de la pobreza es necesario también establecer
un Plan Sudamericano para garantizar la universalidad de la
Salud Pública.
4. La integración
física de América del Sur es fundamental para ampliar las
posibilidades de contactos entre nuestros pueblos y países. Por
eso, la infraestructura no puede ser diseñada como parte
de la geoestrategia mundial de lucha por el control, dominio,
posesión y usufructo de recursos naturales estratégicos, ni
implementada a través de la destrucción de las zonas más
ricas en recursos naturales y la explotación de mano de obra
barata. Así, proyectos como el IIRSA (Integración de la
Infraestructura Regional Suramericana), concebidos por las IFIs
y el gran capital como complementos del ALCA, deben ser
rechazados para adoptar propuestas de Integración
Infraestructural que surjan de las necesidades de los pueblos y
prioricen nuestra articulación en el marco de polos de
desarrollo integral, a lo largo de su trazado, en armonía
con el medio ambiente y las normativas y principios que se han
logrado para su protección y cuidado, el respeto a nuestras
comunidades y derechos humanos y que no generen un endeudamiento
ilegítimo u odioso. Para lograrlo, los proyectos deben ser
sometidos al debate y deliberación democrática con las
comunidades que serán afectadas por su implementación y su
sostén financiero.
5. La integración
financiera de la cual se habla en la Comunidad Sudamericana debe
partir del reconocimiento de que somos los acreedores de una
inmensa deuda histórica, social, cultural, ecológica y
financiera cuya restauración junto con parar y revertir los
mecanismos actuales de fuga de capitales, capacidad humana y
bienes naturales, establecería una potencialidad de
financiamiento genuino y soberano más que suficiente para
nuestras necesidades. Es obligación de los estados de la región
poner fin a los mecanismos de endeudamiento y condicionamiento
externo que han servido para imponernos el Consenso de
Washington, violando sistemáticamente los derechos humanos y
ambientales.
En ese sentido,
los estados deben revisar y revertir los tratados de
protección y promoción de las inversiones, las prórrogas de
jurisdicción y la aceptación de instancias
extra-judiciales como el CIADI, los sistemas tributarias
regresivos, y otros mecanismos de desfinanciamiento estatal,
incluyendo la privatización de importantes bienes y servicios públicos
cuya explotación privada es luego subvencionada por el estado,
estableciendo controles de cambio y de transacciones financieras
para fortalecer la base de financiamiento autónomo e
eliminar la falsa necesidad de capitales externos.
Se precisa además
crear mecanismos propios que permitan incentivar la solidaridad
entre pueblos hermanos y superar la vulnerabilidad y la
dependencia de América del Sur en relación a los mecanismos
financieros tradicionales de la globalización (FMI, Banco
Mundial, BID), a través de la autonomización de la región con
la constitución de mecanismos como un Fondo de Reserva y un
Banco Solidario del Sur y con la substitución del uso del dólar
en las transacciones intra-regionales. Debe ser también
revisado el rol de otras instituciones de financiamiento como la
CAF, el FONPLATA, los bancos nacionales de desarrollo y otros
mecanismos para ajustarlos a las exigencias de un financiamiento
para los derechos y la integración de los pueblos y no de los
grandes capitales.
Un nuevo
sistema financiero requiere de nuevos mecanismos de control y
fiscalización que empiecen por enjuiciar a quienes endeudaron
inescrupulosamente a nuestras naciones y asegurar la participación
social en la determinación de las prioridades presupuestarias.
Alertamos especialmente ante el peligro de que nuevos mecanismos
de financiamiento solidario entre los países de la Comunidad,
sean aprovechados para mantener viejas relaciones de dominación
y control como, por ejemplo, la creación y venta de bonos y
otros mecanismos de nueva deuda, entre países de la región,
para sostener el cumplimiento de viejos reclamos de deuda
claramente reconocidos como ilegítimos e ilegales. En ese mismo
sentido no debe admitirse reestructuraciones ni canjes de deuda
que solo sirven para blanquear deudas cuestionables e imponer
intereses ajenos.
Para impedir
que nuestros pueblos continúen víctimas de deudas ilegítimas
y odiosas que siguen siendo fuentes de desfinanciamiento
permanentes, exigimos la realización de una auditoría
sudamericana de los reclamos de deuda contra el patrimonio público
en la región y el impulso desde la Comunidad Sudamericana de
Naciones de la realización de auditorias externas a las
Instituciones Financieras Internacionales, sus políticas y prácticas
crediticias.
6. La integración
energética sudamericana debe ser desarrollada a partir del
fortalecimiento de nuestras empresas estatales de hidrocarburos,
de la nacionalización de estos recursos estratégicos y
revirtiendo la renta así conseguida para un desarrollo
sustentable, con políticas de redistribución del ingreso y
utilizando los excedentes para financiar nuevas matrices de
energía renovable. Es necesario compartir nuestros recursos
para beneficio de los pueblos respetando los derechos económicos,
sociales culturales y ambientales para nuestro bienestar y el de
las generaciones futuras y no en beneficio de las
transnacionales o las oligarquías locales.
El desarrollo
energético sustentable supone el respeto al derecho de las
comunidades, el ahorro energético y el combate al consumo
excesivo de energía. Las fuentes de energía deben ser
renovables, limpias y de bajo impacto, garantizando su acceso
equitativo y democrático. Los países de la CSN deben
garantizar el acceso pleno de todos los habitantes del
continente a los bienes energéticos, buscando superar la
realidad actual en la que países con altos potenciales energéticos
aún no han logrado un abastecimiento digno de sus habitantes.
Hay que cambiar
el modelo energético actual que implica una alta dependencia de
los combustibles fósiles y genera fuertes impactos sobre las
poblaciones locales y pueblos originarios. Las empresas
multinacionales, pero también las estatales provocan daños
irreparables en el medio ambiente y en las comunidades, propios
de ese tipo de explotación.
Los proyectos
de energía deben ser viables en términos de costos no sólo
económicos sino también sociales y ambientales. Solicitamos
información sobre los impactos sociales, ecológicos y
socioeconómicos, para evaluar si los megaproyectos de energía
justifican la inversión de tanto capital, cuando existen otras
alternativas descentralizadas para las inversiones, incluso para
la generación de energía renovable. Rechazamos la idea de
financiar éste tipo de obras con prestamos del Banco Mundial o
del BID, porque esto llevaría otra vez a hipotecar el futuro de
Sudamérica a los acreedores extranjeros.
7. No habrá
verdadera integración si no se resuelven las asimetrías entre
los distintos países. Por años este tema no ha pasado de ser
un discurso en la CAN y el MERCOSUR. Defendemos la creación de
un fondo de compensación para los países de menor desarrollo
cuyos recursos sean destinados al desarrollo de los sectores de
la economía popular y solidaria y a proyectos acordes con las
decisiones de los pueblos de esos países - y no los definidos
bajo presión del gran capital nacional o transnacional.
Esos fondos
podrían ser constituidos a partir de imponer un impuesto a las
transacciones financieras de las transnacionales que operan en
Sudamérica y utilizando parte de los recursos de las reservas
monetarias internacionales de nuestros países hoy depositados
en los Estados Unidos. En ese mismo espíritu, debería
revisarse y corregir los mecanismos que perpetúan las
relaciones de asimetría, estableciendo como ejemplo la
necesidad de que Brasil y Argentina anulen las deudas
binacionales reclamadas a Paraguay como saldo injusto de la
construcción de las represas Yacyretá e Itaipú.
8. Tenemos que
cambiar el modelo de desarrollo de Sudamérica que ha sido diseñado
en función de las exportaciones antes que en el desarrollo
interno para beneficio de la gente. Sudamérica no puede seguir
siendo una región principalmente exportadora de materias primas
(hidrocarburos y minerales) y de algunos productos del
agronegocio. La integración sudamericana debe promover la
complementación de nuestras economías para generar empleos y
promover un desarrollo productivo integral, fortaleciendo el
comercio interregional y sustituyendo las importaciones de
bienes que se producen en la región.
9. La
Comunidad Sudamericana de Naciones está amenazada por los TLCs
que han suscrito Chile, Colombia y Perú. Es fundamental
revertir esos acuerdos y promover en su reemplazo acuerdos
comerciales que no comprometan la soberanía, los medicamentos,
la salud, el agua, la educación, la cultura, la biodiversidad,
la soberanía alimentaria, las compras estatales, los recursos
naturales y la posibilidad de implementar políticas
industriales activas. La experiencia de los últimos 20 años
muestra que es necesario pensar otra estructura para el comercio
en la región, que parta del reconocimiento de que éste pude
ser una herramienta importante para el desarrollo sólo si se lo
regula, para evitar que perpetúe las asimetrías entre empresas
y entre países, profundizando la dependencia y la subordinación
de países y pueblos a las grandes potencias.
El comercio no
es un fin en sí mismo, debe ser pensado como una forma de crear
los vínculos de las importantes cadenas productivas en la región,
para impulsar el desarrollo, aprovechando al máximo las
complementariedades existentes entre las diversas economías
nacionales, e integrando un poderoso mercado regional de consumo
que debe ser prioritario ante otras propuestas que aspiran
primordialmente a exportar hacia otros mercados.
Al interior de
la Comunidad Sudamericana de Naciones deben primar los acuerdos
de Comercio justo y cooperación, y no reproducir experiencias
que sólo han reafirmado un enfoque neoliberal de la integración.
Advertimos aquí que lejos de significar una avance, la llamada
"convergencia" CAN-Mercosur tal como está propuesta,
puede significar el reforzamiento y no la eliminación del
enfoque neoliberal de la integración.
10. Pero además
la integración sudamericana debe trascender lo comercial y
avanzar en la resolución de otras problemáticas que hacen a
nuestros pueblos y realidad sudamericana. Una de ellas es el
tema del armamentismo y militarización de que son objeto
nuestros territorios, con la instalación de bases militares,
planes de control militarizado como el Plan Colombia, realización
de maniobras militares conjuntas bajo la dirección del Comando
Sur del Pentágono, a partir de unas hipótesis de conflicto y
una doctrina militar que no se corresponden con los intereses de
nuestros pueblos.
Consideramos
que en este proceso de integración los países sudamericanos
deben elaborar una doctrina propia de seguridad y defensa
nacional en correspondencia con las aspiraciones de paz, soberanía
y autodeterminación de todos y cada uno de nuestros pueblos.
Vemos con
profunda inquietud la presencia de tropas de nuestros países en
Haití y entendemos que debe iniciarse con urgencia el retiro de
esos efectivos militares. También nos alerta el ingreso de
tropas estadounidenses al Paraguay. La CSN debe encarar esta
discusión y plantearse consecuentemente la erradicación de
todos aquellos actos que vulneran la soberanía, generan
conflictos y afectan los derechos civiles y la democracia.
Al mismo
tiempo, las naciones sudamericanas deberían plantearse un
trabajo conjunto de lucha contra la impunidad y la violencia
estatal, fortaleciendo la democracia y sentando precedentes
importantes para saldar la deuda histórica con los pueblos que
luchan por la dignidad y la justicia.
11.
El proceso de la CSN debe considerar que es imposible concebir
la integración regional sin el protagonismo, los derechos y en
suma la existencia de las nacionalidades y pueblos indígenas
que trascienden las fronteras republicanas. Los pueblos y
comunidades indígenas, son los directos y principales afectados
por la acción de las transnacionales, cuya explotación
indiscriminada de los recursos naturales generan pobreza,
migración, contaminación y marginalidad. Los pueblos indígenas
deben ser reconocidos como protagonistas de los procesos de
integración y fundamentalmente de las políticas de la CSN para
preservar los territorios, los recursos ambientales y la vida.
12. La
despenalización de la hoja de coca en Sudamérica y el impulso
a su industrialización con fines benéficos es un paso
fundamental para lograr que en el 2.008 las Naciones Unidas
retiren a la hoja de coca de las sustancias penalizadas.
13. Vemos
imperativo el reconocimiento de la comunicación como un factor
articulador clave para el reencuentro y fraternidad de las
nacionalidades involucradas y para apoyar las urgentes tareas
que demanda generar el bienestar de nuestros pueblos. Así
pues, uno de sus fundamentos constitutivos debe ser el Derecho a
la Comunicación democrática, estableciendo a la par el
compromiso de las partes para adoptar políticas públicas en la
materia. En esta línea, urge acordar una estrategia de
cooperación específica para los ámbitos de la información,
comunicación, cultura y conocimiento; definir acuerdos
para potenciar las redes regionales de comunicación pública,
con un sentido de equidad respecto a los medios de comunicación;
priorizar la interconexión intrarregional de las redes de
telecomunicaciones (disminuyendo la dependencia externa), junto
con políticas de capacitación y para aumentar la accesibilidad
en cada país.
14. Hacemos una
llamada a los estados de la Comunidad Sudamericana de Naciones a
constituir un proceso hacia una Convención del Agua que esté
orientada a garantizar el agua como un derecho humano, a cuidar
nuestras fuentes y recursos de agua y que éstas sean protegidas
de la privatización y la mercantilización por un acuerdo
internacional que se apoye en los avances logrados hasta ahora
en el marco del Pacto Internacional de Derechos Económicos,
Sociales y Culturales.
Y también
llamamos a los Estados a construir el Foro mundial del Agua
sobre los principios de plena participación e inclusión y en
el reconocimiento del agua como derecho humano.
La CSN debe ser
un instrumento que comprometa a los países a:
- Revertir los
procesos de desmantelamiento de los servicios estatales y
fortalecer los sistemas públicos de agua y saneamiento básico
para desarrollar gestiones eficientes, con transparencia y
control social, asegurando mecanismos de cooperación e
intercambio con este fin.
- Promover la
efectiva participación de las comunidades en la toma de
decisiones sobre los proyectos de desarrollo que involucren el
agua en cada territorio, recuperando sus visiones, usos y
costumbres en la planificación y gestión sustentable de los
recursos naturales.
15. La CSN, y
en particular los países afectados, deben salir del modelo
actual de investigación, gestión y elaboración de políticas
oficiales con respecto al Acuífero Guaraní, tuteladas en su
mayoría por el Banco Mundial a través del GEF, que atentan
contra la soberanía de los pueblos y no satisfacen los
principios de participación y transparencia informativa que
promovemos las organizaciones constituyentes del movimiento
social del agua. Proponemos la creación de espacios
institucionales nacionales de información y discusión respecto
a los usos de los territorios y el subsuelo que conforman el
Sistema Acuífero Guaraní (SAG), con participación de los
movimientos y organizaciones sociales de los países que
comparten el SAG, que se vinculará a las instancias públicas
con la tarea principal de vigilancia del agua, su defensa como
bien público compartido y la denuncia de todo procedimiento de
investigación y gestión del conocimiento que no sean
transparentes.
Antes de la
finalización del Proyecto SAG del BM/GEF/OEA en 2008 es
necesario producir un pre-proyecto alternativo de investigación
y marco de gestión con objetivos de defensa de la soberanía y
con vocación integradora para buscar financiamiento genuino,
que no genere condicionantes a los gobiernos y organizaciones
sociales que terminan atentando contra los intereses fundantes;
que de continuidad a lo que se pueda salvar y modificar la
asimetría a favor de los países y no del organismo
multilateral. Demandamos la entrega de los documentos del
referido proyecto a los movimientos, parlamentos y gobiernos de
los países de SAG.
16. Es urgente
adoptar políticas de desarrollo sustentable que pongan en el
centro al empleo de calidad con justicia social y construir
mecanismos de intervención que permitan incluir a todos los
habitantes. Aspiramos a una integración regional basada en otro
modelo socio-económico que en lo laboral se oriente a: aumentar
la formalidad laboral, asegurar la aplicación de los
derechos laborales; universalizar la seguridad social pública;
a fortalecer el derecho a la sindicalización y la negociación
colectiva; que adopte medidas contra las discriminaciones en el
mercado de trabajo y que busque superar la actual división
sexual del trabajo que penaliza a las mujeres y poner en marcha
programas de Empleo Juvenil, que detenga los mecanismos que
empujan a nuestras poblaciones a la emigración, al mismo tiempo
que reconozca para los trabajadores y trabajadoras emigrantes el
piso de derechos que garantizan las convenciones
internacionales.
17. Debemos
encarar como países integrados una reforma agraria que
garantice a todos el derecho de trabajar en la tierra y
democratice su propiedad, priorizando las formas familiares,
sociales y cooperativas. La CSN debe ser el espacio natural para
consolidar la soberanía alimentaria, es decir, el derecho que
tienen todos los pueblos de producir sus propios alimentos de
forma independiente, saludable y con calidad para abastecer a
toda la sociedad. Las semillas son un patrimonio de la humanidad
y no pueden estar sujetas a la privatización y a patentes de
las multinacionales.
18. Como
consecuencia de las políticas neoliberales y de ajuste
aplicadas en la región, millones de personas se ven a diario
obligadas a emigrar en la búsqueda de alternativas para sus
vidas.
Consideramos
que la primera obligación de los gobiernos es desarrollar las
políticas necesarias para garantizar efectivamente la libertad
de no emigrar de nuestros trabajadores y trabajadoras. Frente a
la situación de los trabajadores que han migrado y sus
familiares, cualquiera sea su situación migratoria. Al
contrario de una visión reduccionista de las y los emigrantes
como simple fuerza de trabajo, afirmamos que son personas y no
mercancías y, por tanto, deben tener garantía de todos los
derechos que les permitan desarrollarse y ejercer plenamente su
ciudadanía en el goce de derechos laborales, sociales,
culturales, económicos, civiles y políticos.
No se puede
continuar con políticas orientadas a criminalizar al inmigrante
y tratar a la migración como un asunto de seguridad. La CSN
debe desarrollar políticas que garanticen ciudadanía a los
emigrantes y acciones compartidas para luchar contra la pobreza
y la marginalidad asegurando a los habitantes de cada país las
condiciones para desarrollarse plenamente y con bienestar.
19. Exigimos la
urgente creación de mecanismos de Participación Social en la
construcción de la Comunidad a niveles locales, regionales,
sub-regionales y nacionales. Los Estados deben asegurar la
transparencia del proceso de negociación de la iniciativa de la
CSN, reconociendo que los mecanismos oficiales preparatorios de
esta Cumbre, como las anteriores, no han facilitado el acceso a
la información ni la publicidad de los avances ni los
contenidos que se discuten. La alegada "informalidad"
del Grupo de Reflexión no debe ser un amparo formal para
impedir la divulgación de las conversaciones de los 12 países.
Los presidentes reunidos en Cochabamba deben crear un mecanismo
formal de participación y consulta a los pueblos.
20. Nosotros,
los movimientos sociales que desde la resistencia reivindicamos
la búsqueda de Alternativas que hagan realidad que "otro
mundo es posible", "otra América posible",
venimos a reafirmar nuestro compromiso con la construcción de
una Comunidad Sudamericana basada en el ejercicio universal de
los Derechos Humanos, en la Soberanía popular y la Democracia
participativa. Por esto, asumimos la realización de la Cumbre
Social por la Integración de los Pueblos en Cochabamba como un
espacio donde se exprese el acumulado histórico de nuestras
luchas y la profundización democrática en la construcción de
Alternativas políticas, sociales y económicas, entendiendo que
la integración desde los pueblos fortalece nuestra Identidad:
la diversidad cultural. Es desde allí que asumimos el desafío
de compartir la construcción de la integración de los pueblos
sudamericanos desde sus cimientos constituyendo los Foros
Sociales en todo el continente donde se expresen, sin
exclusiones ni discriminaciones, todos los sujetos.
La Comunidad Sudamericana de Naciones debe ser la "otra
integración posible"
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