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La
Comunidad Sudamericana de Naciones:
algunas
ideas para el debate
Recalca
El proceso de la Comunidad Suramericana ha
despertado algunas expectativas entre las organizaciones que
habrán de concurrir a la Cumbre de los pueblos, pero no se
puede negar que enfrenta aún importantes obstáculos.
Es posible que, en la reunión de Cochabamba,
aunque seguramente se emitirá una declaración y se suscribirán
algunos acuerdos concretos puntuales, especialmente en cuanto
creación de grupos de trabajo, algunas obras de infraestructura
diseñadas dentro de la IIRSA y acuerdos energéticos, queden
todavía por definir asuntos sustanciales sobre los cuales hay
enfoques bastante diferentes entre los países y entre ellos y
las organizaciones populares.
Los obstáculos más importantes, que a su vez
implican significativas diferencias, son los siguientes:
Fractura política
Hay importantes contradicciones entre dos
sectores, el de los gobiernos que se distancian de Washington y
el de los que se alinean incondicionalmente con esa potencia.
Del primer lado están Brasil, Argentina, Uruguay, Venezuela,
Bolivia y del otro están Colombia, Perú, Chile y posiblemente
Ecuador si gana Noboa. Aunque hay muy diferentes posiciones al
interior de los bloques y no se pueden colocar todos los países
en la misma situación, de todas maneras hay dos vertientes:
Mientras que unos aceptan los TLC con Estados Unidos y el
enfoque del libre comercio, los otros, en medio de la diversidad
ensayan políticas que implican conceder importancia al sector público
en la promoción del desarrollo y mantener una política
internacional más cerca de los países del tercer mundo.
Estas diferencias pueden ilustrarse muy bien al
examinar la contraposición entre las propuestas del presidente
Evo Morales de Bolivia y las políticas adelantadas por Uribe Vélez
en Colombia.
En efecto, en la propuesta presentada el 2 de
octubre por Morales se insiste en la importancia de adelantar el
proceso con participación de las organizaciones sociales, en
una integración "de y para los pueblos", con objetivo
central de luchar contra la pobreza y la destrucción de la
naturaleza y "no reducir la Comunidad Suramericana a una
asociación para hacer proyectos de autopistas o créditos que
acaban favoreciendo esencialmente a los sectores vinculados al
mercado mundial".
Morales plantea el fortalecimiento del sector público
para garantizar los derechos fundamentales. Habla de que
"la flexibilización laboral y el achicamiento del Estado
no han traído más empleo" y postula la implementación de
mecanismos de tipo redistributivo y un sistema de lucha contra
el narcotráfico que "supere los exámenes y
recomendaciones de quienes han fracasado hasta ahora en la lucha
contra las drogas".
Al mismo tiempo, se sugiere abandonar el camino
de las privatizaciones, "apoyarnos y complementarnos para
desarrollar y potenciar nuestras empresas estatales" y
promover el comercio justo que supere los principios del
liberalismo comercial. La creación de un Banco del Sur que
permita "superar los problemas de otros bancos de fomento
que cobran tasas de interés comerciales, que financian
proyectos esencialmente rentables, que condicionan el acceso a
créditos a una serie de indicadores macroeconómicos o a la
contratación de determinadas empresas proveedoras y
ejecutoras". También propone una "integración física
para nuestros pueblos y no solo para exportar" y
"fortalecer la integración y complementariedad de nuestras
empresas de gas e hidrocarburos". La "creación de una
instancia supranacional que tenga capacidad de dictar y hacer
cumplir la normativa ambiental", la adopción de una
Convención Sudamericana del Agua y no permitir el patentamiento
de seres vivos.
Mientras tanto Uribe Vélez desde Colombia
predica y práctica políticas diametralmente opuestas. Ha sido
opuesto a la participación de las organizaciones sociales en
los procesos de negociaciones internacionales y se caracteriza
por la verticalidad y autoritarismo que suplanta e invade
incluso las otras ramas del poder político. Da gran importancia
a las obras de infraestructura dirigidas a fortalecer las
exportaciones y considera el mercado interno colombiano agotado.
Promueve toda clase de privatizaciones, el achicamiento del
Estado, la flexibilización laboral y se adhiere a toda la
estrategia norteamericana en materia de narcotráfico. Con la
bandera del libre comercio promueve el debilitamiento de las
empresas estatales y quiere privatizar la empresa Colombiana de
Petróleos. En el TLC con Estados Unidos se comprometió a hacer
esfuerzos para hacer aprobar el patentamiento de plantas y
promueve proyectos que buscan que los bosques, los paramos, los
parques naturales entren a los circuitos comerciales. Hace
crecer el endeudamiento externo y la dependencia de las
entidades multilaterales de crédito y practica una política
exterior rígidamente apegada a las directrices de Washington.
En fin, la posición de Uribe Vélez de Colombia
quien se hace portavoz en Sudamérica de las posiciones de
Washington, impide una integración no solamente alternativa
sino una que, al menos promueva cierta autonomía con respecto a
las orientaciones de Estados Unidos, promueva la capacidad del
sector público de promover el desarrollo y no se adscriba
ciegamente a los dogmas del libre comercio. Esto ha llevado al
gobierno Colombiano a adoptar posiciones como el apoyo a la
invasión a Irak, el apoyo a las posiciones norteamericanas en
la OMC, ONU y demás foros internacionales.
Los Tratados de Libre Comercio
La adopción de políticas comunes en aspectos
sustanciales, comenzando por los puramente comerciales se
dificulta por la existencia de los tratados de Colombia, Perú y
Chile con Estados Unidos. Estos tratados otorgan a Estados
Unidos en múltiples aspectos la cláusula de nación más
favorecida con la cual cualquier concesión que los países
suramericanos hagan a otros países, deben ser extendidas a
Estados Unidos. También los TLC establecen bajos aranceles y un
proceso rápido de desgravación de bienes agrarios e
industriales que impiden políticas de protección. También
fomentan la privatización y amarran las manos de los Estados
para la promoción de políticas públicas, el fomento de la
industrialización y establecen para el funcionamiento de las
economías criterios puramente comerciales. La existencia de múltiples
Tratados de Libre Comercio de algunos países sudamericanos
entre si o con otros países de fuera del continente establecen
rígidos parámetros económicos ante los cuales la armonización
de políticas macroeconómicas monetarias o cambiarias resulta
imposible a menos que los países que no son partidarios o no
tienen TLC adopten esos estándares. No hay que olvidar que los
países del MERCOSUR, incluyendo a Venezuela se opusieron
vehemente a la suscripción del ALCA y la definición de políticas
comunes en materia de compras estatales, inversión y propiedad
intelectual en la Comunidad Sudamericana sería imposible a
menos que todos los países adoptaran las definiciones
contempladas en esos tratados las cuales superan ampliamente los
definidos en la OMC. No incluir en las negociaciones conducentes
a la creación de la Comunidad Sudamericana la discusión sobre
los TLC, implicaría sustraer los principales asuntos económicos
de las definiciones de la Comunidad y con ello la harían
inviable o inoperante.
Dificultades para la adopción de políticas
comunes en el escenario internacional
Dados los puntos anteriores, en los principales
escenarios mundiales los países de Sudamérica adoptan y han
adoptado posiciones diferentes y contradictorias. La firma de
los TLC anula la posibilidad de los países que los suscribieron
de hacer causa común con los países en desarrollo en el seno
de la OMC. Las divisiones acerca de la elección del Secretario
General de la OEA o del puesto de América Latina en el Concejo
de seguridad de la ONU son prueba de estas diferencias y la
salida de Perú y Colombia del G-20 durante las reuniones de
Cancún también. Es evidente que mientras Venezuela y Brasil
promueven políticas de acercamiento a los países en
desarrollo, Uribe Vélez y Alana García han cifrado todas sus
esperanzas en identificarse con la política exterior de Estados
Unidos. Argentina ha entrado en conflicto con las entidades
multilaterales de crédito, mientras que Colombia y otros países
siguen cuidadosamente sus recomendaciones. Sin la adopción de
políticas comunes en el escenario internacional el bloque
sudamericano no puede ser identificado como tal en la comunidad
internacional.
IIRSA
Un campo en el cual se pueden adoptar acuerdos de
tipo práctico en el proceso de creación de la Comunidad
Sudamericana es la Iniciativa para la Integración de la
Infraestructura Suramericana, IIRSA. Sin embargo este plan tiene
un énfasis exportador y hacia los mercados externos a la región
y sus diversos aspectos no han recibido el suficiente debate por
parte de la sociedad civil y de las comunidades que serán
afectadas. En la construcción de infraestructura hay que
privilegiar el mercado suramericano, el bienestar de la población
y el desarrollo de los países. Existen serios reparos de tipo
ambiental y social a muchos de sus proyectos y no es desdeñable
el temor de muchos sectores de que los efectos ambientales y
sociales sean devastadores y de que su concepción mantenga un
modelo de desarrollo agro o minero exportador y descarte la
verdadera integración regional. Estos criterios y los
principales reparos no son compartidos por la mayoría de los
gobiernos. Una vez más habría que destacar la posición crítica,
y por ahora solitaria, asumida recientemente por Evo Morales.
Compromisos efectivos
La creación de la Comunidad es un proceso que
enfrenta este tipo de dificultades, es necesario que los pueblos
del continente, más que confiar en declaraciones retóricas
sobre miles de temas sobre los cuales no se adoptan compromisos
efectivos, exijan resultados concretos en algunos puntos que darían
la señal a la población de que efectivamente se está buscando
otro tipo de integración. Para ello destacamos dos aspectos en
los cuales debemos exigir respuestas concretas:
a. Los derechos humanos: Para las organizaciones
populares y el vasto movimiento por los derechos humanos es
claro que cualquier forma de integración que se adopte debe
asegurar el respeto a los derechos políticos y civiles y
garantizar la realización de los derechos económicos, sociales
y culturales. Dado el desarrollo de la discusión continental
sobre la necesidad de una Carta Social que establezca
compromisos de los Estados y de cualquier organización
multilateral en estas materias, y que hay propuestas concretas
al respecto, debemos exigir que se defina una posición clara y
que se desarrollen los instrumentos correspondientes para
demostrar que la voluntad integracionista tiene como base el
respeto y la exigibilidad de tales derechos.
b. Los migrantes: Es posible adoptar en el
proceso, definiciones sobre los derechos de los migrantes,
garantías a la libre circulación de las personas, garantías
en materia de seguridad social, homologación de títulos y demás
aspectos referidos al nivel de vida y situación ciudadana,
social y laboral de los habitantes del subcontinente.
c. Debate sobre la IIRSA. Dado el cuestionamiento
de este plan es necesario integrar a las comunidades
originarias, los grupos ecologistas y a toda la sociedad civil
sobre los detalles de cada uno de los proyectos antes de su
implementación. Esto junto a la creación de verdaderos
mecanismos de participación y veeduría de las organizaciones
sociales es una condición para que el proceso tenga legitimidad
y lleve a un buen final.
Difundido por Recalca (Red Colombiana de Acción
frente al libre comercio y el ALCA), el
17
Noviembre 2006.
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